| ¿Qué es la Vía de la Plata?
La Vía de la Plata, en rigor, es una antigua calzada romana
que comenzó a construirse en Mérida (Emerita Augusta,
capital de la provincia romana de Lusitania) en época de
Octavio Augusto, nombrado emperador de Roma en el 25 a.C., y que
unos 250 años después acabó alcanzando Astorga
(Asturica Augusta). Era la calzada romana nº XXIV, la Iter
ab Emerita Asturicam, cuya función era facilitar las comunicaciones
militares del Imperio Romano dentro de la Península Ibérica.
Abandonada tras la decadencia y caída del Imperio Romano,
aún se encontraba en buen estado cuando llegaron los invasores
árabes en el siglo VIII. Ellos la aprovecharon en sus incursiones
al noroeste peninsular, desde las primeras del general Tarik,
hasta la famosa campaña de Almanzor que culminó
en Santiago de Compostela el 11 de agosto del año 997,
de donde se lleva las campanas de la catedral a hombros de prisioneros
cristianos para fabricar con ellas unas lámparas en la
mezquita de Córdoba, unos 500 años antes de un simétrico
acto de desagravio, al final de la Reconquista.
Es de los árabes de donde deriva el nombre actual de nuestra
ruta. Los historiadores tienden hoy a descartar cualquier vinculación
con el metal argénteo, y afirman que "Vía de
la Plata" viene de "B'lata" o "Bal'latta",
término árabe que hace referencia al carácter
empedrado de la antigua calzada romana.
El caso es que el inicio de la peregrinaciones a la tumba del
apóstol Santiago, en la parte de la Península que
iba siendo reconquistada a los árabes, permitió
el reciclaje de la antigua vía militar en nueva ruta de
peregrinación cristiana: la ruta por la que los mozárabes
de Al-Ándalus peregrinaron a Compostela en la Baja Edad
Media. Y así nació el "Camino Mozárabe
a Santiago".
El trayecto actual del Camino Mozárabe
La actual ruta de peregrinación jacobea vinculada a la
antigua calzada romana, y que los peregrinos de hoy llamamos Vía
de la Plata o Camino Mozárabe, es un conjunto de ramales
que comparten un tronco central común: el tramo que va
de Mérida a Granja de Moreruela, a unos 35 km al norte
de Zamora capital.
Sin embargo a Mérida puedes acceder, por trayectos señalizados
para peregrinos por las Asociaciones de Amigos del Camino, bien
desde Sevilla, bien desde Granada. Por el norte, a partir de Granja
de Moreruela, la ruta se bifurca en dos vías alternativas:
(a) la que sigue por Benavente y La Bañeza para unirse
al Camino Francés en Astorga; y (b) la que se desvía
hacia el noroeste y accede a Santiago tras pasar por Sanabria
y Orense. Esta, a su vez, presenta dos variantes entre La Gudiña
y Orense: (a) la que pasa por Verín, Ginzo de Limia y Allariz,
de 99 km, peor señalizada y con más carretera, y
(b) la que pasa por Laza, Vilar de Barrio y Xunqueira de Ambía,
de 83 km.
El que yo seguí en agosto de 2001 fue el trayecto Mérida
- Cáceres - Salamanca - Zamora - Puebla de Sanabria - La
Gudiña - Laza - Orense - Santiago, y es de este recorrido
del que me ocupo en esta página.
Ambiente humano
Es cierto que cada vez más peregrinos optan por esta ruta;
según he leído, los que la recorrieron en el verano
de 2002 duplican a los que la hicimos el año anterior:
pero es que éramos poquísimos. La mitad de los días
o más no vi a un solo peregrino a pie, aunque eran algo
más frecuentes los que la recorrían en bicicleta.
Esto hace que, en lo humano, resulte una ruta bastante más
fría que el Camino Francés, poco adecuada para los
que toleren mal la soledad y persigan, ante todo, el encuentro
con otros peregrinos. Sin embargo es perfecta si buscas tranquilidad
y mucho tiempo para sumergirte en el entorno natural o cultural,
e interaccionar directamente con los habitantes de los pueblos
que se van cruzando. Es en ellos donde puedes encontrar el siempre
necesario calor humano: eso sí, mientras te comportes con
discrección, paciencia y educación, y no como alguien
que merece un reconocimento especial, mostrando el mismo interés
por el prójimo que el que quieres que ellos muestren por
tí. He conocido a peregrinos en el Camino Francés
que se comportaban como si fueran Indiana Jones, que se dirigían
a los lugareños desde un imaginario pedestal de peregrino,
aventurero o lo que sea; con frecuencia no recibían a cambio
más que un sordo rechazo por parte de los locales.
En relación con lo que es el "ambiente peregrinil"
en sí, he considerado muy conveniente transcribir el último
párrafo de la segunda de las guías de la CSJ (Confraternity
of Saint James, ver más abajo). Creo que es sumamente aclarativo
de lo que, al menos hasta ahora, nos ha venido sucediendo a muchos
de los caminantes que hemos llegado a Santiago tras recorrer la
Vía de la Plata. Dice más o menos así: "Algunos
peregrinos han comentado que encontraron su llegada a Santiago
algo triste, particularmente si con anterioridad habían
recorrido el Camino Francés; después de unos 1000
km de caminar solitario desde Sevilla, se ven repentinamente sumergidos
en un mar de gente que, tras haber tenido tiempo de sobra para
conocerse desde Roncesvalles o algún otro lugar del Camino
Francés, celebra entre sí con alborozo su llegada
a Santiago". Una celebración de la que el peregrino
"platense" se ve excluido y encuentra extraña,
pues pocas veces pudo gozar de ese espíritu festivo a lo
largo de su solitario trayecto. Muy a diferencia del Camino Francés
donde, progresiva, imperceptible e inexorablemente se va relajando
ese espíritu espartano y aventurero con el que partíamos,
donde cada mañana uno se levanta un poquito más
tarde, cada día más amigos, cada semana más
cenas entre peregrinos, y donde todo se va haciendo poco a poco
más fácil, alegre y cálido.
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